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27 de marzo de 2026

Perú encara sus presidenciales con récord de candidatos y fragmentación

En los comicios generales de abril próximo en Perú están en contienda 35 candidatos presidenciales, pero ninguno de ellos supera el 12% de intención de voto.

El 12 de abril, Perú acudirá a las urnas para unas elecciones presidenciales que previsiblemente tendrán una segunda vuelta en junio. Los comicios tienen lugar en un escenario marcado por casi una década de imparable crisis de poder.

Para estos comicios generales –donde también se elegirá al Congreso, que vuelve a ser bicameral– los sondeos reflejan una alta desconfianza ciudadana, con cerca de un 60% de peruanos que no sabe por quién votar y aspirantes “favoritos” que no aglutinan ni el 12% de las preferencias.

El evento será histórico por la cantidad de postulantes al Palacio de Gobierno, cuya lista es de 35, superando a los 18 que se presentaron en la campaña de 2021.

Según las proyecciones, además de un futuro gobernante, el país suramericano tendrá un Parlamento aun menos representativo que el actual, pues pocos partidos pasarían la valla reglamentaria del 5% para asegurar escaños.

France 24 en Español entrevistó a expertos peruanos para entender la complejidad de este sistema electoral y explicar por qué no se perciben incentivos de participación ciudadana pese a la perennemente frágil situación nacional.

Una cantidad de candidatos nunca antes vista

En el anticipo de las elecciones peruanas, el elemento que más ha captado la atención es su gigantesco tarjetón para marcar. No solo se tratará de elegir entre 35 candidatos presidenciales y sus vicepresidentes, sino también entre un universo de 10.000 aspirantes a la cámara de senadores (que tendrá 30 asientos nacionales y 30 regionales), diputados (de 130 asientos), y quienes compiten al Parlamento Andino (donde solo hay cupo para cinco representantes peruanos). El diseño del tarjetón de voto mide más de 40 centímetros de largo y ancho y contiene cinco listas consecutivas, con 36 a 38 partidos en total por cada una.

Los postulantes a la Presidencia que se disputarían los primeros lugares para un eventual balotaje son, de momento, Keiko Fujimori –excongresista e hija del fallecido Alberto Fujimori– y el empresario Rafael López Aliaga, quien renunció a su puesto como alcalde de Lima para probar suerte en estos comicios. Según la encuestadora Datum, ambas figuras, que representan al espectro de la derecha, alcanzan un empate técnico de 11,9% y 11,7% en simpatías, respectivamente. Por debajo, con un 6,5%, se encuentra el economista de centroizquierda Alfonso López Chau. Todos los demás candidatos tienen porcentajes de intención de voto menores del 5%.

Si bien en el proceso están llamados a participar más de 27 millones de peruanos, las mediciones reportan una amplia apatía, en la que el 35,8% no ha pensado aún por quién votar y un 20% sigue sin definirse por un favorito. El cuadro es bastante similar al de 2021, pero ahora hay mayor experiencia acumulada de convulsiones políticas. Perú ha tenido hasta nueve administraciones en la última década. De ellas, cuatro fueron designadas por el Parlamento como producto de enfrentamientos con el gobierno y el uso estratégico de la destitución presidencial por incapacidad moral permanente.

En entrevista con France 24 en Español, el investigador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) Paulo Vilca Arpasi explicó que hay una evidente ruptura de los ciudadanos con la política y que esto viene tanto del descalabro institucional que han dejado las crisis como de la percepción generalizada de que el panorama no va a cambiar con nuevos gobiernos.

“Hay un gran sector del país que válidamente opina que los procesos electorales no tienen mucho impacto en las necesidades de la población ni en las reglas de juego político. Eso lo hemos visto en la práctica, donde quien pierde las elecciones acaba teniendo más poder que quien las gana y los presidentes elegidos por voto popular duran, como mucho, dos años, para luego ser destituidos. En este caso, el Congreso y sus partidos más organizados han demostrado que pueden controlar quién deja la Presidencia y colocar a un parlamentario funcional a sus intereses hasta la siguiente crisis política. Entonces, no solo hablamos de un deterioro de las instituciones, con un sistema de gobierno que ya dejó de ser presidencialista y ha mutado a otra cosa. Hablamos también de un voto ciudadano que termina desplazado”, comentó Vilca.

Retrocesos en el sistema electoral y resistencia a reformas clave

Para la politóloga y profesora de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) Milagros Campos Ramos, el gran número de partidos que, conscientes de sus mínimas chances, buscan alguna victoria electoral es consecuencia de una profunda fragmentación política en el país. Sin embargo, estima que hay otros elementos, como la falta de reformas efectivas e integrales, que jueguen en contra de distorsiones en la representación.

“El problema no solo se ve en el número de candidaturas, sino también en el hecho de que haya tanta dispersión de votos. Si tú sumas a los diez candidatos que están primeros en intención de voto según las encuestas más serias, juntos no acumulan ni el 53%. Pero aquí, además de la fragmentación, hay un tema de reforma. Se redujeron los requisitos para formar partidos, pero se retrocedió con las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), que habrían permitido un efecto reductor sobre el número de partidos que irían a la elección general”, resaltó Campos en entrevista con este medio.

Como señala la especialista, pese a que el Congreso lo aprobó en 2019 con la Ley Nº 30998, este procedimiento de democracia interna que otorga a la ciudadanía el poder de primer filtro electoral nunca ha sido aplicado. Para los comicios generales de 2021, el Congreso de ese momento suspendió la norma y, en 2023, el actual Parlamento peruano la modificó para eliminar su obligatoriedad. Por tanto, aunque las primarias se mantienen como una opción, los partidos han preferido no abrir estos procesos y mantener la participación solo entre sus delegados y cúpulas.

Campos subrayó que, entre otras medidas reformistas como el restablecimiento activo de las PASO, podría considerarse la renovación o ratificación de diputados a mitad de período y la eliminación del voto preferencial, que suele premiar campañas personalistas y perjudicar a los partidos de insuficiente recordación.

Otro elemento destacado es la flexible lista de requisitos para el registro y la habilitación de partidos políticos. La legislación vigente exige que, para formar una organización política e inscribirse a un proceso electoral, se presenten poco más de medio millón de firmas ciudadanas (adherentes) y unos 25.000 afiliados.

Pilar Biggio Pastor, subsecretaria general de la asociación civil Transparencia, explicó a France 24 en Español que, si bien una valla tan baja para el registro de partidos incentiva la actividad política, esto ha tenido un efecto negativo, de menor cualificación en las candidaturas. Además, refirió que la flexibilidad en los requerimientos contribuye a la fragmentación política y la dispersión del voto, pues la mayoría de partidos –aun siendo pequeños y teniendo muy bajas expectativas de resultar electos– se resisten a postular en coaliciones o alianzas. Una muestra de esto es que, de las 38 agrupaciones registradas para los comicios de abril, solo tres son alianzas.

“Antes, formar una organización política en el Perú resultaba más difícil porque las firmas requeridas eran cerca de un millón. Pero cuando los requisitos se redujeron por modificaciones que aprobó el Congreso, todo mundo empezó a formar partidos, lo que ha llevado que, a la fecha, haya incluso más de 40 inscritos, aunque no todos ellos estén postulando este 2026. Tenemos una fragmentación política muy notoria, con una proliferación de partidos chicos sin chances electorales”, indicó Biggio.

Un pronóstico seguro es la mínima representatividad

En la elección general de 2021, los entonces candidatos Pedro Castillo, quien resultó elegido en el balotaje, y Keiko Fujimori, que vio truncadas sus aspiraciones presidenciales por tercera vez, reunieron, respectivamente, apenas un 15.7% y un 11% en la primera vuelta. Ahora, en 2026, con postulantes que no despuntan ni con el 12% de simpatías, la figura de un futuro gobernante con bajo poder representativo no es difícil de presagiar. A esto se suma la limitada oferta programática.

“Si queremos armar un perfil del candidato presidencial promedio, no tendremos problema en agrupar muchas coincidencias. Para empezar, el perfil es muy limeño, masculino, con posiciones –en su mayoría– de derecha o que enarbola un discurso de mano dura. Pese a que tenemos más candidatos que nunca en el Perú, hay muy poca diversidad y todos terminan diciendo casi lo mismo. Entonces, se puede entender el poco entusiasmo de la población por ese lado también”, señaló el investigador Paulo Vilca.

El especialista agregó que es muy probable que la nación suramericana mantenga su conocida inestabilidad política como consecuencia de un Ejecutivo y un Congreso que se renovarán con ínfima legitimidad. Cuestionó que la campaña actual tenga candidatos con incluso menor capacidad de adhesión que en 2021, pues a semanas del evento electoral no se destacan propuestas novedosas ni mensajes identitarios que conecten con sectores de la población; especialmente, con los que se encuentran fuera de la capital.

A su turno, la politóloga Milagros Campos refirió que, aunque la crisis de partidos y de representación es un fenómeno de tendencia global, en Perú la situación podría considerarse más crítica que el promedio. Esto, explica, ya no solo se mide por la indiferencia de los peruanos sobre su poder de elección, sino también por una cada vez más baja confianza en la democracia.

“Desde 2012, el Barómetro de las Américas viene reportando en Perú una creciente insatisfacción con la democracia, lo cual es peligroso. Creo que un punto importante allí es el hecho de que muchas políticas públicas –en salud, infraestructura, educación, seguridad, por nombrar algunas temáticas urgentes– se hayan quedado sin solución. Si los problemas de las personas no son resueltos y, elección tras elección, permanece la crisis política, sin consensos ni esfuerzos técnicos, por supuesto que la gente expresará desaliento frente a sus procesos democráticos”, comentó Campos.

Efectivamente, el estudio mencionado, que realizó el LAPOP Lab de la Universidad de Vanderbilt, informa que, entre 2012 y 2021, Perú ha experimentado un decaimiento en la confianza hacia las elecciones, pasando de un 46% a un 33%. Además, según el análisis, la satisfacción con la democracia en el país bajó de un 52% a un 21% en ese rango de años; los números más bajos en la región latinoamericana, solo por encima de Haití.

“Las elecciones, en teoría, son espacios de esperanza en cambios significativos para un país. Pero lo que hemos visto en Perú es un hartazgo tras continuas decepciones, al punto que hay un desinterés completo por votar. Creo que hay un trabajo muy fuerte que hay que hacer como país para recuperar, poco a poco, la participación del ciudadano y su vinculación con el sistema político”, añadió Pilar Biggio, de Transparencia.

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) inició una ronda de debates televisados con los 35 candidatos a la presidencia de la República. Por el número de postulantes, se organizaron tres fechas por grupos. Adicionalmente, habrá un segundo ciclo de polémicas entre el 30 de marzo y el 1 de abril. De acuerdo con una última encuesta, ocho de cada diez peruanos consultados ha afirmado desconocer la normativa y pasos a seguir para un voto correctamente emitido.

France24

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