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TUCUMÁN

19 de mayo de 2024

Gabriel Brener: "Los pibes aprenden más de lo que ven que hacemos los adultos, que de lo que les decimos que hagan"

El espcialista fue entrevistado en el programa "A contramano" por Alfredo Grassia y Emanuel Gall. Modelos y agresiones

Gabriel Brener es licenciado en Educación, especialista en gestión y conducción del sistema educativo de FLACSO, docente universitario, y viene investigando fenómenos que tienen que ver con sucesos de violencia en contextos escolares. En charla con A Contramano por Radio Tucumán se refirió a los acontecimientos de peleas entre adolescentes de escuelas tucumanas desde una perspectiva más global e histórica, relacionando los hechos con las transformaciones sociales y subjetivas de las últimas décadas.

En Tucumán estamos muy conmocionados en los últimos días por algunos sucesos de violencia escolar, que en realidad fueron violencia callejera, protagonizado por estudiantes de escuelas tucumanas. Esto suscitó una reacción muy fuerte por parte del gobierno pero sobre todo un fenómeno de viralización en las redes y una participación social intensa y protagónica tendiente a estigmatizar y a imputar a los jóvenes y a los adolescentes.

Vos que venís estudiando el fenómeno de la violencia en las escuelas ¿qué explicaciones se pueden encontrar para este tipo de sucesos en donde los jóvenes deciden tener encuentros específicamente para resolver temas mediante la violencia física?

GB: En primer lugar quiero responderles diciéndoles algo que aprendí de los pibes en las escuelas, y es que los pibes aprenden mucho más de lo que ven que hacemos los adultos que de lo que le decimos que hagan. Es importante empezar con eso, ¿por qué? Porque si no, a veces los adultos en esta sociedad andamos buscando chivos expiatorios y no nos damos cuenta que los pibes son lo que son, porque primero estamos nosotros mostrando una forma de vivir, una manera de responder y fundamentalmente un modo bastante arcaico y deteriorado, por no decir pobre, de resolver problemas. Sin desconocer la gravedad de lo que ocurrió en Tucumán y que hay que tomar cartas en el asunto. Hay que resolverlo y no es nada sencillo hacerlo. Creo que hace varios años o décadas se viene incrementando el nivel de violencia en nuestra sociedad.

¿Tiene algo que ver esta necesidad que tienen los adolescentes, los jóvenes de estar atados a lo que sucede a través de las redes sociales?

GB: Me parece que las redes sociales, son parte del medio ambiente, desde hace varios años los adultos nos hemos acostumbrado a esto, pero los pibes laten al ritmo cardíaco de las redes. Ellos son parte de ese medio ambiente, y como todos los usuarios también contribuyen a generar un miedo ambiente, como decía Sygmunt Bauman, un polaco que murió hace algunos años, a los noventa y tantos, que introdujo en Modernidad Líquida esa idea del miedo ambiente. La redes sociales son el medio ambiente, pero me parece que los miedos, que no son algo solamente humano y natural, sino que son fundamentalmente un fenómeno social, circulan fuertemente en la sociedad, en una sociedad en la que aparentemente la idea del futuro se desvanece.  O se evapora, en una sociedad en la que el trabajo no es algo que esté a la vuelta de la esquina para los pibes, especialmente de los que estamos hablando. En una sociedad en donde no solamente hay inflación respecto de los precios y lo que sale el pan, la leche o la carne, sino que hay inflación también respecto de los modos de estigmatizar y los modos de nominar al otro.

¿Cómo sería eso?

GB: Bueno, hace rato que el otro dejó de ser un hermano y pasa a ser de movida una amenaza,
por no decir una anormalidad de lo que hay que cuidarse y protegerse.

¿Pudiste leer algo de lo que sucedió acá en Tucumán con respecto al decreto del gobernador?

GB: Leí, no solamente leí, sino que también les agradezco a ustedes y a su producción, porque me pasaron algunas cosas re interesantes para poder leer hoy. Yo estaba el tanto muy por arriba, pero hoy me interioricé mucho más. Yo no veo en ese episodio algo muy distinto de lo que trágicamente como sociedad sufrimos, ¿Se acuerdan deese verano de Villa Gesell, que no es más que un episodio, que también ha sido la evidencia de muchísimos episodios, en donde se expresa lo peor de la condición humana? Yo quiero ser claro con esto, y quiero tener cierto respeto y cierta independencia, porque vivo en la ciudad de Buenos Aires, y como este país es porteño-centrista, quiero practicar el deporte que declamo. O sea, no voy a opinar de algo que sucedió en Tucumán, pero sí quiero opinar respecto de lo que me parece que se puede hacer en clave pedagógica.

Reitero, esto tiene que tener, este tipo de episodios tienen que tener una consecuencia desde el punto de vista de lo securitario. Me refiero a los modos en que intervienen las fuerzas de seguridad, especialmente en la nocturnidad, digamos, que es todo un problema de los pibes y las pibas, no solamente en San Miguel de Tucumán y en el interior de la provincia de ustedes, sino en todo nuestro país.

Pero yo creo, en términos de cómo entender esto que sucedió en las peleas entre adolescentes, debemos hacerlo en clave educativo-pedagógico. ¿Por qué? Porque la sociedad en general tiende a intentar resolver estos problemas en clave punitiva. Es decir, buscando los modos de castigar, como si eso pudiese resolver el problema. Y yo no estoy diciendo que cuando se transgrede una norma, y fue clarísimo lo que pasó, para no tomar el caso de ustedes en Tucumán, permíteme hablar del caso de Valles en Gesell no debamos pensar en que tiene que haber una sanción. Los pibes que cometieron esa agresión, cometieron un delito, y están cumpliendo condenas. Y eso es necesario con una sociedad que tiene reglas.

Cuando se las transgrede de tal manera, tienen que tener una sanción en relación a la transgresión de la regla. Cuando leo en las notas, que el gobernador Osvaldo Jaldo enseguida se reunió con los responsables de la cartera de seguridad y de la cartera educativa, y sigo leyendo sobre lo que han hecho (un decreto que determinadas características), lo que no veo de esa reunión es cuál es el sentido y la tarea concreta de la cartera educativa, que es lo que yo siempre miro cuando leo.

¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que el problema es que los pibes, (y nosotros podemos hablar de la escuela, o también podemos hablar de cómo trabajamos con las familias, y también los medios de comunicación) puedan de alguna manera encontrar algunos lugares en donde los modos de resolver los problemas no tengan que ver con la cultura del aguante, con la violencia en un sentido material y estricto, o con pasar al acto, para decirlo de manera precisa. Yo creo que lo que hay que intentar de cualquier manera, y probando todo tipo de opciones es trabajar en el campo de la prevención.

¿O sea el Estado tiene que llegar antes al problema latente?

GB: Es que el problema de estas situaciones es que a veces terminan rebotando y picando como un asunto estrictamente mediático, que cuando baja la espuma, todos nos olvidamos. Entonces yo creo que lo que hay que abordar de estas situaciones no es tanto el durante, sino fundamentalmente el después, como un antes. Es decir, al día siguiente, cuando se enfría, cuando deja de chorrear la sangre, y en todo caso deja de ser un asunto que vende en los medios, pasa a ser un asunto que nos interesa en clave humana.

Entonces el tema es pensar que los niños tienen que poder animarse, y nosotros los adultos a través de las instituciones tenemos que ir por delante, a construir un modelo de sociedad en donde los problemas se dirijan y se resuelvan de otra manera. En donde la diferencia que tiene cualquier otro no sea vista como una deficiencia, o una amenaza, sino como un enriquecimiento del otro.

Ustedes saben que cualquier tipo de conflicto después desemboca en este tipo de tragedias. Y eso en general tiene que ver con diferencias entre grupos, entre bandas, elementos que estigmatizan al pibe. Me parece que lo que tenemos que poder replantear es la manera en que elegimos convivir con los otros.

¿Y qué lugar le cabe a la escuela en esa propuesta?

GB: Las instituciones, especialmente las escolares, siguen siendo el lugar en donde aprendemos a vivir con los otros. Especialmente con los otros diferentes. Me parece importante destacar esta idea de la diferencia, porque lo que circula permanentemente en nuestra sociedad, y mucho más en estos tiempos, y ni hablar en estos últimos meses, son los discursos de odio. Y hay que resaltar que desde la oficialidad se ha incrementado el nivel de belicismo y de circulación del odio respecto al que es diferente.

Y desde los medios hay mucho por hacer

GB: Claro porque en general en los medios de comunicación chorrea aquello que tiene que ver  con la espectacularización de la violencia, y no con la necesidad de que se transforme en otra cosa. Yo creo que la violencia no va a desaparecer. En todo caso el desafío es transformar la violencia en otra manera de estar con los demás.

Me parece que tenemos que ver cómo hacemos para armar algunas preguntas, ¿cómo hacemos para generar espacios donde tengamos un diálogo más sincero con los pibes?

Porque los pibes creo que con los adultos tienen un frontón, rebotan, sienten que no nos damos por aludidos, que no les hacemos lugar. Entonces en la medida en que, ya seamos los padres, las madres o los docentes, o los gobiernos, o los intendentes, en la medida en que las autoridades adultas nos mostremos más disponibles a escuchar y alojarlos de verdad, con sinceridad, no simular ese acercamiento. En la medida en que les demos un espacio más hospitalario y los podamos escuchar, me parece que vamos a poder lograr primero, comprender mejor lo que les pasa y cómo viven. Y segundo, intentar buscar juntos una mejor manera de estar en este mundo, en el que no es fácil vivir.

¿Se trata de restituir esa palabra juvenil, adolescente para poder conocer esas identidades y el universo en donde se desarrollan?

Cerraría frente a tu pregunta diciendo que me parece que lo que hay que hacer es exactamente eso. Ofrecer una escucha  genuina, sincera, pero fundamentalmente estar dispuestos, especialmente los adultos, a atravesar la incomodidad de haber dejado de ser dueños de un mundo que ya fue y que no nos responde tal como queríamos que nos responda.

Y animarnos a armar junto con los pibes un mundo que por supuesto es muy incierto, que por supuesto es muy incómodo, que por supuesto sigue siendo muy injusto, pero que quizás de manera sincera  y armando realmente un diálogo entre generaciones ver cómo hacemos para, entrar a jugar de vuelta, armar los equipos de vuelta. Tenemos que saber que igual que en un partido de fútbol uno puede prepararse del mejor modo, pero siempre hay que jugarlo sin nunca saber los resultados de antemano, por eso que mi respuesta es “hay que tomar riesgos a pesar de lo incierto del resultado”.

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