21 de febrero de 2019
Atlético lo hizo otra vez
Por Verónica Gómez
Atlético Tucumán me ha regalado en los últimos 10 años partidos memorables que me quedaron grabados en las retinas y se los contaré a mis nietos el día que sea. Desde aquella final contra Racing de Córdoba y ese ascenso imposible del viejo Argentino A a la B Nacional hasta el triunfo reciente frente a Boca en la Bombonera.
El Deca no dejó nunca de hacer historia en cada liga que participó. Uno o más partidos de cada campeonato, son de esos que los querés grabar y sentarte a ver cuando las pretemporadas te dejan sin actividad oficial. Partidos que recordás por los nombres de los protagonistas, por lo que vos hacías en ese momento y porque vas recolectando detalles para darle un marco más increíble al relato.
La tarde en que Ischuk metió el penal que dejó atrás 6 años de padecimiento en la tercera categoría ¿Dónde estabas? ¿Qué estabas haciendo?.
El día que asciende por primera vez a la Primera División con el gol de Montiglio frente a Talleres para decretar la goleada ¿Viajante a Córdoba? ¿Dónde lo viste? ¿Cómo festejaste?.
Y del triunfo frente a Boca en 2008 por 2 a 0 ¿Te acordás?.
De la vuelta a Primera con el Vasco Azconzábal como piloto no te olvidás más. Ese equipo que en 2015 empezaba a gestar aquello de lo que hoy se recogen los frutos con una institución que había aprendido de los errores del pasado para forjar las virtudes de este presente.
Y en este segmento ya no alcanzan los caracteres para enumerar las epopeyas.
Volver a la máxima categoría con tres triunfos consecutivos -Boca entre ellos, cuando no- y no sólo sostener la plaza por primera vez en la historia del fútbol tucumano, sino lograr clasificar luego de un entuerto administrativo frente al mayor campeón mundial de torneos internacionales, Independiente, a la Copa Libertadores de América. Un equipo tucumano se metía en el mayor torneo continental, desde el repechaje, eso sí, pero lograba inscribir su nombre dentro y fuera del país, y vaya si lo hizo.
Ése partido de ida en aquel repechaje con el 2 a 2 final hacía presumir que hasta ahí había llegado el sueño pero en realidad era la antesala de una de las más grandes historias que el fútbol nos pudo regalar. Nadie en su vida va a olvidar jamás la travesía del Decano en Ecuador. Que llegaba o no al partido. Que no lograría jugar la vuelta contra El Nacional, un club de militares que había usado sus artimañas para bajar antes de que rodara la pelota el sueño de todo el norte futbolero. Pero le salió mal y la enjundia y rebeldía de un plantel que estaba destinado a hacer historia pudieron más.
La noche en que Atlético fue la selección, en medio de un torneo sub 20 jugado en aquellas tierras, debió usar la indumentaria de esos pibes que les quedaba chica y se notaba. Tuvo que intervenir la embajada argentina para que el micro desde el aeropuerto hasta el estadio pudiera volar, y voló. Un Zampedri de 4 metros de altura con botines un par de números menor a su pie pondría el único que gol que lo depositaría en la próxima fase mientras en los vestuarios un enloquecido Lavallén gritaba "Dios es justo". Por más que los ecuatorianos derramaran mil lágrimas en los escritorios paraguayos, Atlético seguiría marcando a fuego a sus hinchas.
Y llegarían las manos mágicas de Lucchetti para cerrar un arco casi ausente en el desarrollo de un partido perfecto perfecto frente a Junior en el Monumental. Atlético se metía en zona de grupos.
Llegaban al plato principal de la Copa y Peñarol odiará el nombre del club de 25 de mayo y Chile por el resto de su existencia. Dos veces lo dejó afuera de la clasificación a octavos. Dos veces sacó al pentacampeón de América de su objetivo. La segunda será la más recordada, Atlético llegaría a octavos de final de una Copa que recordará el mundo durante toda su vida, la Copa de la final imposible que duró 40 días y eternizó al River de Gallardo. Ahora se venía un bicampeón soberbio y de buen pie que tenía un "trámite" en Tucumán. El trámite le costó un 2 a 0 irremontable que clasificaría a los nuestros para jugar con el campeón defensor Gremio. El milagro llegó hasta ahí pero Atlético Tucumán cerró 2018 como uno de los mejores 8 equipos del continente.
El pueblo decano recorrió Bolivia, Ecuador, Colombia, Uruguay, Brasil... En dos años se fue de gira por todo Sudamérica repartiendo fútbol y emociones.
Ya en un 2019 que pintaba tranquilo, todavía acusando el cimbronazo que le provocó las idas de sus máximos referentes en cancha y en su gente -El Pulga y el Bebe- simplemente trataba de acumular puntos para no sufrir en la próxima temporada y seguir aspirando a meterse en otro torneo internacional para 2020.
Sólo debía una fecha, aquella que se pospuso en diciembre del año pasado por la final de la Libertadores jugada Madrid. El rival era Boca. Con técnico nuevo y una presión enorme por superar la derrota histórica del partido más importante de su existencia y una hinchada que sobre sus nucas tiene el aliento contra la dirigencia y la camada de jugadores que quedaron de aquel plantel luego de la razzia por esa derrota. Peleando por ser tricampeón como nunca antes pudo. Contra todo eso debía jugar Atlético.
Un Decano que traía las dudas de no convertir en las últimas tres fechas y jugar bastante mal los partidos de este año. Pero ya lo he descrito hasta el cansancio en los milagros realizados. Ahora los protagonistas fueron un injustamente resistido Núñez y otro que viene en franca levantada Barbona. Otra vez Atlético con estadística a favor en 15 partidos le copó la parada a los que ya se sumaban 3 puntos antes de jugar.
El día que Atlético deje de hacer historia, el deporte nacional será el rugby.
