SOCIEDAD
3 de enero de 2026
Redes sociales, la gran preocupación de los padres en el mundo

Tras la decisión de Australia de prohibir el uso de las redes sociales a los menores de 16 años, muchos padres se preguntan si es necesario adoptar medidas igual de estrictas en sus propios países.
Un padre frustrado en España, cuya hija adolescente elude con frecuencia los controles parentales que bloquean las redes sociales, quiere que el gobierno prohíba aplicaciones como TikTok e Instagram para niños.
En Francia, una madre de tres hijos está preocupada por el efecto de las redes sociales en los jóvenes y no dará teléfonos inteligentes a sus hijos hasta que tengan 15 años. Pero se muestra escéptica ante la posibilidad de que una prohibición gubernamental sea la solución.
Una madre chilena afirma que es tarea de los padres, y no del gobierno, enseñar a los niños a utilizar las redes sociales de forma responsable.
Desde que Australia prohibió este mes el uso de las redes sociales a los menores de 16 años, padres de todo el mundo han estado debatiendo afuera de las escuelas, en los patios de juego, en chats grupales y en foros de internet, si es necesario adoptar medidas igualmente estrictas en sus propios países.
En Australia, las encuestas muestran que la mayoría de los padres apoyan las nuevas normas, mientras que los adolescentes hablan de utilizar VPN (Red Privada virtual, por su sigla en inglés) y otras soluciones alternativas.
Varios países sopesan la posibilidad de adoptar leyes similares. El gobierno de Malasia ha anunciado planes para prohibir a los menores de 16 años el uso de las redes sociales a partir de 2026.
Dinamarca podría imponer las restricciones más estrictas de Europa, aunque las medidas no irían tan lejos como las de Australia. El gobierno ha declarado que prohibirá a los menores de 15 años el uso de las plataformas a partir del año que viene, aunque los padres podrán autorizar el uso de las redes sociales a partir de los 13 años.
En Estados Unidos, varios estados han aprobado leyes para restringir el uso de las redes sociales por parte de los niños, algunas de las cuales exigen el consentimiento de los padres.
Muchos padres entrevistados dijeron estar conscientes del impacto de los teléfonos inteligentes en sus propias vidas, y querían proteger a sus hijos de los efectos más nocivos.
Sin embargo, muchos también dijeron que se sentían como si libraran una batalla perdida y que estaban agotados por el tiempo, las discusiones y los conocimientos tecnológicos necesarios para mantener a sus hijos, expertos digitales, alejados de las redes sociales. Los padres que piensan así acogieron con satisfacción la actuación del gobierno.
Israel Pérez, diseñador de Barcelona, dijo que su hija de 14 años le insiste constantemente para que levante las restricciones que le ha impuesto al uso de las redes sociales. En su opinión, una ley como la australiana ayudaría a crear nuevas normas sociales y daría a los padres más apoyo para oponerse a esa cultura en línea.
Comentó que no lo ve como una medida drástica ni excesiva, lo considera necesario. Añadió que los niños ignoran los controles parentales e, incluso con padres atentos, es difícil controlar su uso del teléfono, como en su caso.
En Dinamarca, Anne Kroijer, madre de cuatro hijos que vive en las afueras de Copenhague, tomó cartas en el asunto. Convenció a tres cuartas partes de los padres de la clase de su hija mayor de que no compraran celulares inteligentes a sus hijos. En su lugar, compraron modelos plegables más antiguos que no tienen muchas aplicaciones ni una pantalla táctil de gran tamaño.
“Es tan poco interesante que lo olvida la mitad del tiempo”, afirmó Kroijer, fundadora de un grupo que ayuda a los padres a alejar a sus hijos de las redes sociales.
Justine Roberts, fundadora de Mumsnet, una comunidad en línea para padres en el Reino Unido, dijo que el tiempo de pantalla era uno de los temas más comunes en los foros de mensajes del sitio, y que el apoyo a la intervención del gobierno ha crecido. En una encuesta entre sus usuarios realizada este año, Mumsnet descubrió que el 83 por ciento de ellos respaldaría una prohibición similar a la de Australia en el Reino Unido, mientras que el 58 por ciento aseguró que sería más probable que votara por un partido político que se comprometiera con una política de este tipo.
“Este nivel de apoyo refleja una frustración real y la convicción de que se trata de un problema de salud pública, no solo de crianza”, aseguró Roberts. Su empresa también ha colaborado con el fabricante de teléfonos Nothing en el desarrollo de un teléfono inteligente para niños que prioriza la seguridad y que filtra determinados contenidos y ofrece a los padres herramientas para limitar las aplicaciones y controlar las notificaciones.
No todos los padres creen que sean necesarias nuevas leyes, y a algunos les preocupa que el gobierno se extralimite. Otros ven las nuevas tecnologías y las redes sociales como una parte inevitable de la vida cotidiana de sus hijos.
Charlotte Valette, madre de tres niños en París, agradece que el colegio de sus hijos prohíba los teléfonos inteligentes. Los controles parentales estrictos también ayudan a los padres a restringir los contenidos que ven los niños, al tiempo que les dan “una apertura al mundo”.
“No me entusiasma tanto la idea de que un Estado tome una medida tan drástica”, señaló Valette.
En Santiago de Chile, Paulina Abramovich, madre de tres hijos de 11, 15 y 20 años, dijo estar bastante tranquila respecto al uso de las redes sociales por parte de sus hijos. El menor no usa Instagram, pero ve muchos videos en YouTube, lo que, según ella, lo ha ayudado en la escuela. Su hijo de en medio sobre todo juega videojuegos.
“Soy una madre que les ha dado a sus hijos total libertad en el uso de las redes sociales, pero he pensado más en la confianza que tengo en ellos y en su educación para el autocontrol”, aseguró.
En Kenia, un país que apuesta por la tecnología para reforzar su economía, será difícil persuadir a los padres para que retiren los teléfonos inteligentes a sus hijos, afirmó Calvin Odera, trabajador social de Nairobi, la capital.
Odera cuenta que, en cuanto llega a casa, su hijo de 5 años empieza a tratar de buscar en sus bolsillos para que le dé su teléfono. Pero aunque él ha restringido el tiempo de pantalla, dijo que sería difícil para el gobierno restringir plataformas que se han vuelto fundamentales en la vida cotidiana de los kenianos.
“La gente es muy sensible al respecto”, afirmó.
En Alemania, el gobierno revisó durante un año una petición presentada por padres al parlamento en la que se pedía un límite de edad para el uso de las redes sociales. El debate público mostró que la opinión estaba dividida.
Uno de los participantes en el foro de debate público sobre la petición escribió: “Entonces, ¿se supone que ahora tienes que registrarte en las redes sociales con un documento de identidad digital, o algún otro método para verificar tu edad real? Eso parece bastante absurdo”. La persona añadía: “No se puede dar marcha atrás al reloj”.
Verena Holler, quien vive en Hamburgo, Alemania, fue una de las madres que apoyaron la petición. Mantuvo a sus hijos alejados de las redes sociales hasta que cumplieron 16 años, y se mantuvo firme incluso cuando se quejaban de que casi nadie jugaba durante el recreo, y que lo único que podían hacer era ver a los demás jugar en sus teléfonos. “Es una crisis mundial”, afirmó.
En Malasia, Shoaib Sabri, padre de una niña de 11 años, apoya la prohibición propuesta en su país, y cita su preocupación por la exposición temprana a contenidos para adultos en plataformas como YouTube. Sabri vigila el historial de visitas de su hija y utiliza la configuración de Apple para controlar las aplicaciones que descarga.
“Sé exactamente lo que ve”, afirmó.
William Kvist, exfutbolista profesional y padre de dos hijos en Dinamarca, lleva años ejerciendo presión para que se impongan límites más estrictos a los teléfonos inteligentes y las redes sociales para los jóvenes. Ahora trabaja medio tiempo para un internado que limita el tiempo de pantalla de los estudiantes y cree que gran parte del mundo está adoptando su punto de vista.
“Hace tres años, la gente me miraba raro cuando hablaba de esto, pero ahora la gente ve que hay consecuencias reales”, señaló Kvist. “El impulso a favor ha aumentado mucho”.
The New York Times
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