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8 de noviembre de 2022

Andrés Escobar, el jugador que se hizo un gol en contra y lo pagó con su vida en Colombia

La eliminación de Colombia en la primera fase de Estados Unidos 94 fue fatal para una de sus figuras: Escobar fue asesinado de seis balazos por un grupo de mafiosos que lo culparon del fracaso

“La vida no termina aquí”, fue el paradójico título de una nota de opinión que Andrés Escobar publicó en el diario El Tiempo una semana antes de ser asesinado de seis balazos a la salida de un restaurante en Medellín, el 2 de julio de 1994. Escobar era un defensor colombiano que 10 días antes había cometido un error: hizo un gol en contra que terminó siendo determinante para la eliminación de su selección del Mundial de Estados Unidos, en 1994. Y lo pagó con su vida.

Andrés Escobar Saldarriaga no tenía nada que ver con Pablo Emilio Escobar Gaviria, “el Patrón”, el capomafia del cártel de Medellín. No tenía nada que ver desde el parentesco aunque sí lo conocía, como también lo conocían todos los futbolistas de Atlético Nacional de Medellín, club en el que la mafia tenía intereses y donde Andrés se lucía como zaguero central.

Sus condiciones y el conocimiento que tenía de él Francisco Pacho Maturana, entrenador del seleccionado en aquel Mundial y técnico de Atlético Nacional en 1989, cuando el equipo de Medellín se consagró en la Libertadores, lo habían llevado a la Selección de Colombia. Y su trascendencia en el fútbol, además, lo había llevado a ir a jugar de invitado a La Catedral, la cárcel que Pablo Escobar Gaviria se había mandado a construir para pasar una lujosa detención hasta, finalmente, escapar.

Andrés Escobar y un busto en su honor, en la ciudad de Medellín donde era ídolo.

Andrés Escobar y un busto en su honor, en la ciudad de Medellín donde era ídolo.

Andrés Escobar no pudo negarse -aunque lo hubiese querido- a participar de esas “invitaciones amistosas” a jugar con y para el Patrón. Tal vez algunos jugadores fueron con más ganas que otros, pero ninguno podía optar por no ir, sin quedar atentos a las posibles y malas consecuencias.

A pesar de que Pablo Escobar Gaviria llevaba siete meses muerto cuando la balacera se llevó la vida de Andrés, nadie dudó de que su crimen era una “vendetta” con signos mafiosos. Cuando el resultado no era los que los cárteles querían, y en el medio había existido una amenaza, la concreción era un hecho objetivo.

Un día antes de aquel partido, el técnico Francisco Maturana había sido amenazado. Le ordenaron que sacara del equipo a Barrabás Gómez: si no lo hacía, lo matarían. El entrenador conocía perfectamente el contexto de esas amenazas y no puso en el equipo a Gómez, a quien le explicó la situación y el porqué de su decisión. Barrabás se retiró del fútbol.

El Rose Bowl de Pasadena, California, tuvo a 90.000 personas que serían testigos de la sentencia de muerte de Andrés Escobar tras convertir el gol en contra en el partido contra Estados Unidos, que ganó 2-1. En el partido siguiente, contra Suiza, los colombianos ganaron, pero las dos derrotas anteriores, lo dejaron en el último puesto y eliminados.

       

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El defensor colombiano quiso rechazar una pelota pero terminó metiendo un gol en contra que significó la derrota de Colombia ante Estados Unidos.

Todos los jugadores eran conscientes de que la pasarían mal al regreso a Colombia. Habían llegado al Mundial como candidatos y convencidos de que arrasarían. Ellos, los jugadores, pero por sobre todas las cosas la prensa y los hinchas, quienes no dudaban del gran destino que los esperaba.

Por eso, ante el fracaso por la eliminación temprana, muchos optaron por irse de vacaciones a lugares más amigables a la espera de que se enfriase el clima caliente que había en su país. No fue el caso de Escobar, quien regresó a Medellín incluso rechazando quedarse en la Copa del Mundo comentando los partidos para radio Caracol. Estaba convencido de que su lugar estaba en su país, dando la cara por la derrota y confiando en que primaría el sentido común.

La Selección jugó su último partido en los Estados Unidos el 26 de junio y al día siguiente Escobar ya estaba nuevamente en Colombia. Quiso recuperar enseguida una vida normal y eso incluyó ir a cenar con su novia Pamela y algunos amigos en la noche del 1° de julio, esperando que pase la medianoche y celebrar el cumpleaños de Pamela.

En el mismo lugar estaban los narcos Juan y Pedro Gallón con sus guardaespaldas, y se la pasaron buena parte de la noche reprochándole el gol en contra que Andrés había hecho ante Estados Unidos. Así fue hasta entrada la madrugada cuando decidió irse del lugar evitando la confrontación. Pero al subir a su auto, el grupo que lo hostigaba fue por más: “Gracias por el autogol”, le gritaron. Y le descargaron seis balazos en su cuerpo.

Por su asesinato, cayó Humberto Muñoz Castro, chofer de los hermanos Gallón. Lo condenaron a 43 años de cárcel, que le rebajaron a 23, aunque al final solo estuvo 11 preso. La sensación generalizada fue que Muñoz Castro fue una pantalla y que los asesinos eran los hermanos Gallón, quienes apenas fueron acusados por encubrimiento y pasaron menos de seis meses detenidos.

 

 

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